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ESTIMULACIÓN ANAL PARA HOMBRES

Por: Ester Álvarez Guillén
Imagen de Wikipedia.


En relación a la sexualidad masculina, creo que no existe mayor tabú que el del sexo anal. Pero no se trata de la idea de ellos penetrando analmente a una mujer (que eso es algo que les suele atraer bastante), sino la de ser penetrados. Y es que, para la mayoría de los hombres heterosexuales, hablar de introducirse algo por el ano es tan siquiera inimaginable.

Por lo general, los hombres suelen ser reticentes a ir al urólogo, sobre todo si es para que les hagan un examen de próstata (algo que a partir de cierta edad todos los hombres deberían hacerse con regularidad para evitar el cáncer de próstata). Sin embargo, a diferencia de las mujeres, que estamos más acostumbradas a tener que mostrar nuestros genitales en las revisiones ginecológicas, los hombres no suelen mostrar sus partes íntimas al médico y mucho menos sus posaderas.

¿Pero de dónde proviene ese temor de los hombres acerca de su ano?

Durante muchos años se ha entendido la homosexualidad masculina en relación con una única práctica sexual: la penetración anal. ¡Nada más absurdo! La realidad es que igual que las prácticas heterosexuales son tan diversas como personas existen en el mundo, las relaciones sexuales entre dos hombres incluyen muchas prácticas. Además, ser gay no significa que te tenga que gustar el sexo anal ni mucho menos.

Cuando elevamos el sexo heterosexual al coitocentrismo, es decir, lo asociamos exclusivamente con la penetración vaginal, el siguiente paso en la escala de mitos sexuales viene con respecto a suponer que lo único que pueden hacer dos hombres para darse placer sea la penetración anal. Y es en ese punto donde se entiende como algo sucio, puesto que el sexo entre hombres, la homosexualidad, ha sido considerada como una aberración durante siglos.

Si sumamos a esa enorme cantidad de prejuicios en relación a los hombres homosoexuales y el sexo anal, aquellos sobre la “masculinidad” (que también se siguen grabando a fuego), da como resultado una especie de “analfobia”, o sea, un miedo exacerbado de los hombres heterosexuales hacia la estimulación de su propio ano.

Cuando hablo de masculinidad me refiero a todo ese montón de estereotipos limitantes que socialmente se han construido sobre lo que es ser hombre: comportamientos, ropas, actitudes, formas de caminar, de moverse, de expresarse, conductas, etc. Y es que ser un hombre, hoy en día, aún significa tener que ser reconocido como un macho alfa, porque menos que eso parece que ya raya lo gay.

Visto así, es evidente que para muchos hombres su ano sea un tabú. En algunos casos, la estimulación anal puede aparecer como fantasía y esto generar preocupación y rechazo. Los hay que, en solitario, llevados por la excitación y la curiosidad del momento se atreven a introducirse algún dedo u objeto inadecuado, pero lo mantienen en la más absoluta reserva y sienten bastantes remordimientos al respecto. Y una pequeña minoría consigue superar ese tabú y decide probarlo en la intimidad de la pareja (pero siempre, por supuesto, con la condición de que nadie se entere, porque supondría el fin de su masculinidad).

El ano es una parte más de nuestro cuerpo que puede producirnos placer, independientemente de nuestro sexo u orientación sexual. Concretamente en el hombre, en esta zona, se encuentra el llamado punto P referido a la próstata.

La próstata es una glándula del tamaño de una castaña que produce gran parte del líquido seminal que se expulsa con la eyaculación. Contiene muchas terminaciones nerviosas que con la excitación se vuelven muy sensibles. Es por ello que este punto se considera una zona erógena masculina.

El punto P se encuentra a unos 5 cm de la entrada del ano en la pared inferior junto a la vejiga. Para masajearlo lo ideal es usar estimuladores prostáticos. Estos son juguetes eróticos para hombres, con vibración o sin ella, que se pueden utilizar a solas o con la pareja. Por supuesto, para usar estos juguetes es necesario siempre añadir lubricante.

Para principiantes que aún no se atreven a la estimulación anal, se puede comenzar estimulando la próstata, de manera indirecta, masajeando la zona del perineo (entre la base del pene y los testículos).

Sea como sea, lo principal es que el hombre que decida probar la estimulación anal lo haga dejando sus prejuicios a un lado y de manera segura. Siempre es mejor usar un juguete erótico pensado para esto, que tenga un tope para que no acabe introduciéndose del todo y haya que acabar en urgencias. Porque placer y salud siempre deben ir de la mano.


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2 comentarios:

  1. Buen post, es hora de desmitificar las relaciones sexuales anales y romper esas barreras. Felicidades por el post!

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    1. Muchas gracias por pasarte por aquí y por tu comentario ;)

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